lunes, 29 de agosto de 2011
10 de Agosto. Día del Diácono
domingo, 24 de abril de 2011
La Resurreciòn del Señor y el Diàcono Permanente
Escribo estas palabras un Domingo de Resurrecciòn.
Arduo trabajo el de Cuaresma, tanta gente... tanta oraciòn... Un tiempo litùrgico fuerte, en el que nos preparamos a lo largo de Cuarenta Dias para Sufrir la Muerte de Jesùs, para Vivir la angustia de la espera, pero sobre todo para Celebrar el triunfo de Jesùs sobre la muerte.
Y en sì puedo resumir que esta es la vida del Diàcono Permanente. Al estar inmerso en nuestras comunidades , al ver tanta necesidades... tanto rechazo a Dios... pero dentro de este sufrimiento el Diàcono no puede fundirse con el mundo, el Diàcono debe hacer que Viva Jesùs en este mundo, que viva en su familia, que viva en su trabajo, que viva dentro de los màs necesitados. Entonces asì llevar la Esperanza del Resucitado. La alegrìa de saber que Cristo ha vencido el sufrimiento, ha vencido el rechazo , ha vencido a la muerte.
Esa es la vida del Diàcono. LLevar la alegria, la esperanza de un Dios que habiendo vencido a la muerte se ha quedado con nosotros a travès de su Iglesia, a travès de su Cuerpo y su Sangre.
Ser Diàcono Permanente significa, asumir este compromiso, llevar la Alegrìa de la Pascua de Resurreciòn a donde no hay alegria ni esperanza.
Que Dios te Bendiga...
Feliz Pascua de Resurrecciòn
jueves, 18 de noviembre de 2010
EL DIACONO PERMANENTE EN LA "VERBUM DOMINI"
En relación a los Diáconos Permanentes, el Papa hace la siguiente reflexión:
“81. Quisiera referirme también al puesto de la Palabra de Dios en la vida de los que están llamados al diaconado, no sólo como grado previo del orden del presbiterado, sino como servicio permanente. El Directorio para el diaconado permanente dice que, «de la identidad teológica del diácono brotan con claridad los rasgos de su espiritualidad específica, que se presenta esencialmente como espiritualidad de servicio. El modelo por excelencia es Cristo siervo, que vivió totalmente dedicado al servicio de Dios, por el bien de los hombres». En esta perspectiva, se entiende cómo, en las diversas dimensiones del ministerio diaconal, un «elemento que distingue la espiritualidad diaconal es la Palabra de Dios, de la que el diácono está llamado a ser mensajero cualificado, creyendo lo que proclama, enseñando lo que cree, viviendo lo que enseña». Recomiendo por tanto que los diáconos cultiven en su propia vida una lectura creyente de la Sagrada Escritura con el estudio y la oración. Que sean introducidos a la Sagrada Escritura y su correcta interpretación; a la teología del Antiguo y del Nuevo Testamento; a la interrelación entre Escritura y Tradición; al uso de la Escritura en la predicación, en la catequesis y, en general, en la actividad pastoral.”
El fundamento de la espiritualidad cristiana es la Palabra de Dios. La cual los Diáconos tienen la noble labor de anunciarla y celebrarla en la Iglesia
El Papa en una de sus conclusiones dice:
“123. Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia de Dios. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, desvelándonos el sentido de las Escrituras y haciéndonos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación en el mundo.”
Si estás sintiendo el llamado al DIACONADO PERMANENTE te invito a que estudies esta Exhortación Apostólica del Papa Benedicto XVI, entenderás la importancia que tiene para los Diáconos en particular, el estudio de las Sagradas Escrituras acompañado de la Oración iluminada con la palabra de Dios.
P.D. puedes conseguir la Exhortación completa en la página del Vaticano : www.vatican.va en la sección de “archivos de los pontífices”, Benedicto XVI, Exhortaciones Apostólicas.
lunes, 8 de noviembre de 2010
ORACIÓN II CONGRESO LATINO.AMERICANO Y CARIBEÑO DE DIACONADO PERMANENTE
te alabamos por las abundantes vocaciones diaconales que suscitas en la Iglesia de tu Hijo Jesús.
Te pedimos que nos sigas dando diáconos
que sean verdaderos apóstoles
en las nuevas fronteras de la misión,
que, como discípulos misioneros,
sigan sembrando los valores evangélicos
en el mundo de las comunicaciones,
en la construcción de la paz,
en el desarrollo y la liberación de los pueblos,
en la promoción de la mujer y de los niños,
en la ecología y la protección de la naturaleza,
en el mundo de la cultura, de la ciencia
y de las relaciones internacionales.
Haz que los diáconos sean
instrumentos de la renovación necesaria
de la Iglesia en América Latina y el Caribe,
fieles a los signos de los tiempos,
comprometidos con las causas de los pobres,
constructores de la comunión eclesial,
y transmisores de la fe por el testimonio de sus vidas.
Que el Espíritu Santo los impulse a construir una Iglesia cada vez más samaritana,
“casa de los pobres”,
y escuela de comunión.
Que María, la Virgen de Guadalupe,
sea tu intercesora por este II Congreso Continental
y bendiga a todos los diáconos con sus familias. Amén!
martes, 10 de agosto de 2010
DIA DEL DIÁCONO
Comparto con todos una bella reflexión escrita por San Agustín.
La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfode san Lorenzo, que superó las amenazas y seduccionesdel mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él,como ya se os ha explicado más de una vez, era diáconode aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagradade Cristo, en ella también derramó su propia sangre porel nombre de Cristo. El apóstol san Juan expuso clara-mente el significado de la Cena del Señor, con aquellaspalabras: Como Cristo dio su vida por nosotros, tambiénnosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Asílo entendió san Lorenzo; así lo entendió y así lo practicó;lo mismo que había tomado de la mesa del Señor, esomismo preparó. Amó a Cristo durante su vida, lo imitóen su muerte.
También nosotros, hemanos, si lo amamos de verdad,debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar denuestro amor es imitar su ejemplo, porque Cristo pade-ció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que siga-mos sus huellas. Según estas palabras de san Pedro, pa-rece como si Cristo sólo hubiera padecido por los quesiguen sus huellas, y que la pasión de Cristo sólo apro-vechara a los que sigue sus huellas. Lo han imitadolos santos mártires hasta el derramamiento de su sangre,hasta la semejanza con su pasión; lo han imitado losmártires, pero no sólo ellos. El puente no se ha derrum-bado después de haber pasado ellos; la fuente no se hasecado después de haber bebido ellos.
Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor nosólo hay las rosas de los mártires, sino también los liriosde las vírgenes y las yedras de los casados, así comolas violetas de las viudas. Ningún hombre, cualquiera quesea su género de vida, ha de desesperar de su vocación:Cristo ha sufrido por todos. Con toda verdad está es-crito de él: Nuestro Salvador quiere que todos los hom-bres se salven y lleguen al pleno conocimiento de laverdad.
Entendamos, pues, de qué modo el cristiano ha de se-guir a Cristo, además del derramamiento de sangre, ade-más del martirio. El Apóstol, refiriéndose a Cristo, dice:"A pesar de su condición divina, no hizo alarde de sucategoría de Dios." ¡Qué gran majestad! Al contrario, seanonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pa-sando por uno de tantos. ¡Qué gran humildad!
Cristo se rebajó: esto es, cristiano, lo que debes túprocurar. Cristo se sometió: ¿cómo vas tú a enorgulle-certe? Finalmente, después de haber pasado por semejan-te humillación y haber vencido la muerte, Cristo subió alcielo: sigámoslo. Oigamos lo que dice el Apósto: Si ha-béis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arri-ba, donde Cristo está sentado a las diestra de Dios.
lunes, 31 de mayo de 2010
La alegrìa de servir a la Iglesia como Diàcono Permanente
Han pasado siete meses y hago una vista atrás y veo todo lo que se ha hecho, y es solo posible con la ayuda de Dios. Se han hecho tantas actividades que hasta he abandonado el Blog.
Pero hoy recibí otro de tantos correos electrónicos que recibo pidiendo orientación sobre el Diàconado Permanente, por lo que me animé a escribir este artículo.
QUIERO SER DIACONO PERMANENTE:
Estimado hermano que estás leyendo este artículo. Dios nos habla de distintas formas y maneras y es probable que te habló a ti y por eso estás buscando información sobre el diaconado. El diaconado es una vocación muy bella, de servicio a Dios en su Iglesia. Sólo tiene sentido en Ella y para El.
Un Diácono Permanente, hombre casado, debe no sólo haber escuchado un llamado a la vocación , sino que tiene que haberle dado un SÍ al Señor en el servicio en su Iglesia parroquial o en su comunidad en donde vive.
Un candidato a Diácono Permanente debe ser un hombre que con su trabajo mantenga a su familia , que tenga un matrimonio estable, pero también debe de estar prestando ya ,como laico ,algún servicio a la Iglesia, bien sea como catequista, ministro de la Comunión, etc.
Un futuro Diácono Permanente debe ser reconocido por su comunidad parroquial y por el sacerdote que la anima como un hombre con una gran capacidad de SERVICIO.
Un futuro Diácono Permanente junto a su familia deben ser ejemplo de Familia Cristiana.
Te animo a que hables con tu esposa y le comentes tus inquietudes, y de lograr un apoyo por parte de ella, pases a la segunda fase y hables con el sacerdote de tu parroquia y le comentes tus inquietudes y si no estás incorporado al trabajo parroquial te pongas a la orden y comiences de inmediato a Servir a Dios a través de su Iglesia.
Que Dios te bendiga
martes, 18 de agosto de 2009
Riqueza del Diaconado Permanente
Viernes, 14 ago (RV).- “Cada vez más la Iglesia descubre la inestimable riqueza del diaconado permanente”. Con esta frase inicia la Carta, que el cardenal Cláudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, ha dirigido a los diáconos permanentes con motivo de la fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir, que celebramos el pasado lunes, 10 de Agosto.
En ella, el purpurado brasileño, haciendo hincapié en la contribución de los diáconos y la importancia de que tengan una vida de santidad personal y de intensa vida de oración y de espiritualidad, les propone dos reflexiones: una sobre el ministerio de la Palabra, y otra sobre la Caridad.
Poniendo de relieve el reciente Sínodo sobre “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia” -celebrado en octubre en el Vaticano-, el prefecto de la Congregación para el Clero recuerda que el mandato de predicar la Palabra de Dios hasta los confines de la tierra, anunciando la persona de Jesucristo, muerto y resucitado, “es una tarea que no sólo corresponde a los ministros ordenados sino también, de un modo totalmente sin reservas, a un Diácono permanente”.
El cardenal Hummes coloca el ministerio de la Palabra de san Esteban, diácono y mártir, como “un gran modelo que pide a los ministros ordenados un esfuerzo constante para estudiarla y hacerla propia al mismo tiempo que se proclama”. “La formación intelectual, teológica y pastoral –escribe el purpurado- es un desafío que dura toda la vida, por ello un cualificado y actualizado ministerio de la Palabra depende mucho de esa profunda formación”.
En su segunda reflexión acerca del ministerio de la Caridad, el cardenal Hummes propone como modelo a san Lorenzo -quien centró su ministerio en la caridad y los pobres- y retoma las palabras sobre el santo, del Papa Benedicto XVI: “Su solicitud por los pobres, el generoso servicio que dio a la Iglesia de Roma en el sector de la asistencia y de la caridad, la fidelidad al Papa que le empujó a seguirlo en la prueba suprema del martirio, y el heroico testimonio de sangre pocos días después, son hechos universalmente conocidos”
“Los Diáconos -escribe el cardenal Hummes- se identifican muy especialmente con la caridad. Los pobres son uno de los ambientes cotidianos y objeto de su solicitud sin descanso”. No se entendería un Diácono que no se comprometiese en primera persona en la caridad y en la solidariedad hacia los pobres, que, de nuevo, hoy se multiplican.
El prefecto de la congregación para el Clero concluye su carta pidiendo a Dios la protección y la bendición de los diáconos, de sus familias, sus esposas e hijos y les da las gracias por la multiforme colaboración, que prestan al ministerio diaconal.
miércoles, 22 de julio de 2009
DIACONOS PERMANENTES: FAMILIA,TRABAJO,IGLESIA
El Diàcono casado al tener familia, debe procurar que èsta viva bajo las enseñanzas de la Familia de Nazareth. La familia de un Diàcono Permanente debe ser un ejemplo de Caridad y Fraternidad dentro de su comunidad.
Tambièn el Diàcono debe trabajar en el medio civil ,su labor debe ser cònsona con su estilo de vida, debe procurar cubrir las necesidades econòmicas y de sustento de su familia, ademàs de ser ejemplo de Cristo para todos los que lo rodean.
El trabajo pastoral del Diàcono Permanente estarà definido por su Obispo, quièn siempre cuidarà que su servicio a la Iglesia no interfiera en el buen desenvolvimiento de su vida familiar.
Lograr un equilibrio entre Familia-Trabajo-Iglesia es el reto màs importante del Diacono Permanente y con una buena planificaciòn de las actividades se puede alcanzar .
Alguien me preguntaba por email, si el Diàcono Permanente debìa separarse de su familia una vez ordenado, definitivamente NO, el Diàcono Permanente realiza su servicio a la Iglesia acompañado de su familia. El vive una Doble Scramentalidad: Matrimonio, que es primero, y Orden, que se recibe yà casado.
Tambièn me preguntaba otra persona si el Diàcono Permanente debìa observar el Celibato, definitivamente NO, El Diàcono Permanente continùa siendo un hombre casado y por ende se debe a su esposa.
El Diàcono Permanente debe ser un modelo de Cristo en el mundo.
sábado, 27 de junio de 2009
Los Diáconos Permanentes en el Documento de Aparecida

El fruto de este trabajo está recogido en el denominado “Documento de Aparecida".
En el capítulo 5: La Comunión de los Discípulos Misioneros en la Iglesia se dedican 4 números que tratan sobre el Diaconado Permanente.
5.3.3 Los Diáconos Permanentes, discípulos misioneros de Jesús Servidor
205. Algunos discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a la Iglesia como diáconos permanentes, fortalecidos, en su mayoría, por la doble sacramentalidad del matrimonio y del Orden. Ellos son ordenados para el servicio de la Palabra, de la caridad y de la liturgia, especialmente para los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio; también para acompañar la formación de nuevas comunidades eclesiales, especialmente en las fronteras geográficas y culturales, donde ordinariamente no llega la acción evangelizadora de la Iglesia.
Es importante la mención que realiza el documento en relación a que la vocación de servicio a la iglesia es producto de un llamado, el cual está fortalecido por los sacramentos del bautismo y del matrimonio. Esta vocación nace dentro de una vida cristiana de familia, en donde la doble sacramentalidad del orden y del matrimonio son su fortaleza.
206. Cada diácono permanente debe cultivar esmeradamente su inserción en el cuerpo diaconal, en fiel comunión con su obispo y en estrecha unidad con los presbíteros y demás miembros del pueblo de Dios. Cuando están al servicio de una parroquia, es necesario que los diáconos y presbíteros busquen el diálogo y trabajen en comunión.
207. Ellos deben recibir una adecuada formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral con programas adecuados, que tengan en cuenta -en el caso de los que están casados- a la esposa y su familia. Su formación los habilitará a ejercer con fruto su ministerio en los campos de la evangelización, de la vida de las comunidades, de la liturgia y de la acción social, especialmente con los más necesitados, dando testimonio así de Cristo servidor al lado de los enfermos, de los que sufren, de los migrantes y refugiados, de los excluidos y de las víctimas de la violencia y encarcelados.
208. La V Conferencia espera de los diáconos un testimonio evangélico y un impulso misionero para que sean apóstoles en sus familias, en sus trabajos, en sus comunidades y en las nuevas fronteras de la misión. No hay que crear en los candidatos al diaconado permanente expectativas que superen la naturaleza propia que corresponde al grado del diaconado.
Este punto es el que mayor interés me causa. El compromiso del Diacono Permanente es de testimonio evangélico. El Diácono, dentro de su doble sacramentalidad junto a su familia, debe convertirse en un verdadero apóstol dentro del ámbito en el que está inmerso, su trabajo, su hogar, etc. Un Diácono Permanente debe ser un Misionero Permanente, debe ser un impulsor misionero de todos aquellos que le rodean.
martes, 2 de junio de 2009
CANDIDATO A DIACONO PERMANENTE EN COLOMBIA

"Hermano Juan Pedro, cordial saludo en Cristo Jesús.
Soy Guillermo E. Callejas Ponzón, Candidato al Diaconado Permanente en Ibagué (Colombia). Aquí ya hay un grupo de 12 Diáconos y después de su ordenación iniciamos en 2002 la preparación el segundo grupo de aspirantes al Diaconado Permanente, y terminamos el estudio de las de materias programadas hace más de dos años. Nuestro proceso ha sido mucho más lento que el de nuestros predecesores, pues ya hace dos años recibimos el Lectorado, y estamos pendientes de que el Señor Arzobispo otorgue próximamente el Acolitado, en procura del anhelado Ministerio Diaconal.
Durante el tiempo de preparación que llevamos los que estamos en proceso, hemos recibido una formación muy valiosa en nuestras vidas, que en el caso mío me ha permitido ser un servidor en múltiples actividades de mi Parroquia, además de que colaboramos en diferentes eventos de carácter arquidiocesano. Yo tengo actualmente 56 años de edad, mi esposa, Elsy Lozano Callejas, y nuestros tres hijos siempre estuvieron de acuerdo y complacidos de que iniciara la preparación al Diaconado Permanente, desde que fuera postulado por el Párroco de la época, y desde entonces siempre he contado con el apoyo de toda mi familia en esa aspiración. Gracias a Dios que nos ha regalado un hogar muy estable, pues ya cumplimos 32 años de sólido matrimonio, y nuestros hijos ya formaron también sus respectivos hogares, fruto de los cuales contamos con 5 nietos, es decir, que volvimos a quedar mi esposa y yo solos, como al comienzo de nuestro matrimonio, pero esto nos ha permitido dedicarle mucho más tiempo a los asuntos de Dios y de nuestra Iglesia, por cuanto ella es Catequista y Misionera, coordina una pequeña comunidadad de Nueva Evangelización, y yo colaboro con los sacerdotes (Párroco y Vicario) en muchas actividades de la Parroquia, bien sea en la preparación de misioneros y de Coordinadores de Pequeñas Comunidades, llevando comunión a enfermos, oriento el grupo de Liturgia, apoyamos el Comité Vocacional, etc. Mis dos temas predilectos son Liturgia y Apologética, ésta última es también gran preocupación de mi esposa, y permanentemente estamos tratando de prepararnos en la mejor forma para la defensa de nuestra fe, y compartir esta preparación, para tratar de contarrrestar el influjo de las sectas que sonsacan a católicos por falta de fundamentación. Tenemos el propósito de realizar una labor con los que se nos puedan unir, como una pastoral de rescate de católicos que se han apartado de nuestra Iglesia, confrontándolos para hacerles ver lo que han dejado al abandonar la Iglesia que Cristo fundó.
El grupo de los Diáconos Permanentes y alrededor de 15 Candidatos que quedamos nos integramos los primeros sábados de cada mes en el Seminario a seguir prepárandonos en Liturgia y Documentos de la Iglesia, y espero compartirles a todos ellos la grata noticia de esta página, seguro de que todos seremos sus asiduos visitantes.
Hasta pronto, hermano Juan Pedro. Que el Señor lo continúe bendiciendo y animando para continuar en su preparación al Ministerio Diaconal y en el servicio de esta interesante y útil página.
Fraternalmente, "
martes, 12 de mayo de 2009
EL DIACONO EN LA SANTA MISA

171. Cuando en la celebración eucarística está presente un diácono, desempeña su ministerio vestido con las vestiduras sagradas. El Diácono, en general:
a) Asiste al sacerdote y está a su lado.
b) En el altar sirve, en lo referente al cáliz y al libro.
c) Proclama el Evangelio y puede, por mandato del sacerdote que celebra, hacer la homilía.
d) Dirige al pueblo fiel mediante oportunas moniciones y enuncia las intenciones de la oración universal.
e) Ayuda al sacerdote celebrante en la distribución de la Comunión, y purifica y arregla los vasos sagrados.
f) Desempeña los oficios de otros ministros, él mismo, si no está presente alguno de ellos, según sea necesario.
Ritos iniciales
172. Cuando el diácono lleva el Evangeliario, lo tiene un poco elevado y precede al sacerdote mientras se acercan al altar, de lo contrario, irá a su lado.
173. Cuando llega al altar, si lleva el Evangeliario, omitida la reverencia, se acerca al altar. Luego, una vez depositado el Evangeliario sobre el altar, lo cual es recomendable, juntamente con el sacerdote venera el altar con un beso.
Pero si no lleva el Evangeliario, hace inclinación profunda al altar del modo acostumbrado, juntamente con el sacerdote, y con él venera el altar con un beso.
Por último, si se usa incienso, asiste al sacerdote en la imposición del incienso y en la incensación de la Cruz y del altar.
174. Incensado el altar, se dirige juntamente con el sacerdote a la sede y allí permanece a su lado y le ayuda, según sea necesario.
Liturgia de la palabra
175. Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se usa incienso, asiste al sacerdote en la imposición del incienso; luego, profundamente inclinado ante el sacerdote, le pide la bendición, diciendo en voz baja: Padre, dame tu bendición. El sacerdote lo bendice, diciendo: El Señor esté en tu corazón. El diácono se signa con el signo de la cruz y responde: Amén. Luego, hecha la inclinación al altar, toma el Evangeliario que había sido colocado sobre el altar, y se dirige al ambón, llevando el libro un poco elevado, precedido por el turiferario con el incensario humeante y por los ministros con cirios encendidos. Allí saluda al pueblo, diciendo con las manos juntas: El Señor esté con ustedes, después a las palabras Lectura del santo Evangelio, signa con el pulgar el libro y después a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, inciensa el libro y proclama el Evangelio. Terminado éste, aclama: Palabra del Señor, y todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús. En seguida venera el libro con un beso, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio, y vuelve al lado del sacerdote.
Cuando el diácono asiste al Obispo, le lleva el libro para que lo bese, o él mismo lo besa, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más solemnes el Obispo, según las circunstancias, imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario.
Por último, el Evangeliario puede llevarse a la credencia o a otro lugar conveniente y digno.
176. Si no está presente otro lector idóneo, el diácono proclamará también las otras lecturas.
177. Las intenciones de la oración de los fieles, después de la introducción del sacerdote, de ordinario las dice el diácono desde el ambón.
Liturgia Eucarística
178. Terminada la Oración Universal, el sacerdote permanece en la sede y el diácono, con la ayuda del acólito, prepara el altar; pero es a él a quien le concierne el cuidado de los vasos sagrados. Asiste también al sacerdote en la recepción de los dones del pueblo. Luego entrega al sacerdote la patena con el pan que será consagrado; vierte vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto: El agua unida al vino; y luego presenta el cáliz al sacerdote. Esta preparación del cáliz puede también hacerse en la credencia. Si se usa incienso, asiste al sacerdote en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar, y después, él mismo o el acólito, inciensa al sacerdote y al pueblo.
179. Durante la Plegaria Eucarística, el diácono está junto al sacerdote, pero un poco detrás de él, para cuando sea necesario servir en lo que se refiera al cáliz o al misal.
Desde la epíclesis hasta la elevación del cáliz el diácono, de ordinario, permanece de rodillas. Si están presentes varios diáconos, uno de ello puede imponer incienso en el incensario para la consagración e incensar durante la elevación de la Hostia y del cáliz
180. Para la doxología final de la Plegaria Eucarística, de pie al lado del sacerdote, tiene el cáliz elevado, mientras el sacerdote eleva la patena con la Hostia, hasta cuando el pueblo haya aclamado: Amén.
181. Después de que el sacerdote haya dicho la oración de la paz y: La paz del Señor sea siempre con ustedes, y que el pueblo haya respondido: Y con tu espíritu, el diácono, según las circunstancias, hace la invitación a la paz, diciendo, con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Dense fraternalmente la paz. Él la recibe del sacerdote y puede darla a los ministros más cercanos.
182. Habiendo comulgado el sacerdote, el diácono recibe del mismo sacerdote la Comunión bajo las dos especies y después ayuda al sacerdote a distribuir la Comunión al pueblo. Pero si la Comunión se hace bajo las dos especies, él ofrece el cáliz a quienes van a comulgar, y terminada la distribución, en seguida consume reverentemente en el altar toda la Sangre de Cristo que haya quedado, ayudado, si fuere el caso, por los otros diáconos y presbíteros.
183. Terminada la distribución de la Comunión, el diácono vuelve al altar con el sacerdote, recoge las partículas, si las hay, lleva el cáliz y los otros vasos sagrados a la credencia y allí los purifica y los arregla como de costumbre, mientras el sacerdote vuelve a la sede. Está permitido, sin embargo, dejar en la credencia, sobre el corporal, debidamente cubiertos los vasos que deben ser purificados y purifícalos inmediatamente después de la Misa, una vez despedido el pueblo.
Rito de conclusión
184. Dicha la oración después de la Comunión, el diácono da al pueblo los breves anuncios, que quizás haya que hacer, a no ser que sacerdote mismo prefiera hacerlos.
185. Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono dice: Inclínense para recibir la bendición. Una vez que el sacerdote haya impartido la bendición, el diácono despide al pueblo, vuelto hacia él, diciendo con las manos juntas: Pueden irse en paz.
186. Luego, juntamente con el sacerdote, venera el altar con un beso, y hecha la inclinación profunda, se retira del modo en que había entrado.
C) Ministerios del acólito
187. Las funciones que el acólito puede ejercer son de diversa índole y puede ocurrir que varias de ellas se den simultáneamente. Por lo tanto, es conveniente que se distribuyan oportunamente entre varios; pero cuando sólo un acólito está presente, haga él mismo lo que es de mayor importancia, distribuyéndose lo demás entre otros ministros.
Ritos iniciales
188. En la procesión hacia el altar, puede llevar la cruz en medio de dos ministros con cirios encendidos. Cuando hubiere llegado al altar, erige la cruz junto al altar para que sea la cruz del altar; pero si no se puede, la lleva a un lugar digno. Después ocupa su lugar en el presbiterio.
189. Durante toda la celebración, corresponde al acólito acercarse al sacerdote o al diácono, cuantas veces tenga que hacerlo, para presentarles el libro y ayudarles en lo que sea necesario. Por tanto conviene que, en la medida de lo posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer oportunamente su ministerio, junto la sede o cerca del altar.
Liturgia Eucarística
190. En ausencia del diácono, concluida la oración universal, mientras el sacerdote permanece en la sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. Después, si es necesario, ayuda al sacerdote a recibir los dones del pueblo y, según las circunstancias, lleva el pan y el vino al altar y los entrega al sacerdote. Si se usa incienso, presenta el incensario al sacerdote y lo asiste en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar. Después inciensa al sacerdote y al pueblo.
191. Cuando sea necesario, el acólito ritualmente instituido, como ministro extraordinario, puede ayudar al sacerdote en la distribución de la Comunión al pueblo.[100] Y si se da la Comunión bajo las dos especies, en ausencia del diácono, ofrece el cáliz a los que van a comulgar o sostiene el cáliz cuando la Comunión se da por intinción.
192. Y asimismo, el acólito instituido, terminada la distribución de la Comunión, ayuda al sacerdote o al diácono en la purificación y en el arreglo de los vasos sagrados. En ausencia del diácono, el acólito ritualmente instituido lleva los vasos sagrados a credencia y allí los purifica los seca y los arregla del modo acostumbrado.
193. Terminada la celebración de la Misa, el acólito y los otros ministros, juntamente con el diácono y el sacerdote, regresan procesionalmente a la sacristía de la misma manera y en el mismo orden en el que vinieron.
D) Ministerios del lector
Ritos iniciales
194. En la procesión hacia el altar, en ausencia del diácono, el lector, vestido con la vestidura aprobada, puede llevar el Evangeliario un poco elevado, caso en el cual, antecede al sacerdote; de lo contrario, va con los otros ministros.
195. Cuando hubiere llegado al altar, hace inclinación profunda con los demás. Si lleva el Evangeliario, se acerca al altar y coloca el Evangeliario sobre él. Después, juntamente con los otros ministros ocupa su lugar en el presbiterio.
Liturgia de la palabra
196. Desde el ambón hace las lecturas que preceden al Evangelio. Y en ausencia del salmista puede también proclamar el salmo responsorial después de la primera lectura.
197. En ausencia del diácono, después de la introducción del sacerdote, puede proponer desde el ambón las intenciones de la oración universal.
198. Si no hay canto de entrada ni de Comunión y los fieles no dicen las antífonas propuestas en el Misal, puede decirlas en el momento oportuno (cfr. núms. 48.87).
jueves, 26 de marzo de 2009
EXPERIENCIA DE UN DIACONO PERMANENTE DE REPUBLICA DOMINICANA
“Saludos Juan Pedro, El Señor le bendiga. Me atreví a escribirle, luego de ver su dirección en Catholic.net, indagando sobre algún portal para diáconos permanentes, me alegro que estés en el camino hacia la ordenación. Quiero compartir mi experiencia: Realmente es corta dentro del diaconado, tengo 2 anos de haber sido ordenado; antes serví como Ministro Animador de Comunidades, animando diversos sectores que hoy forman parte de nuevas parroquias y en la mía propia, que hoy es la Catedral San Pedro Apóstol. Esta experiencia de Animador me sirvió mucho para trabajo apostólico de ahora, pues desde 1991, fui instituido en el Acolitado y Lectorado, requisitos para este ministerio laical y desde ese tiempo ejerciendo el trabajo descrito anteriormente. Tuve la dispensa del Sr Cardenal de participar en el mismo siendo soltero, y estuve caminando en la idea de ser sacerdote, lo cual decline para optar por la vida matrimonial. Dios me dió a Isolina mi esposa y la bendición de dos hijos: Ambar, que partió a la Casa del Padre en agosto del 2005 (tenia 9 anos) y Fabio Rafael, que actualmente tiene 9.En el 1997 fuimos creados diócesis y nuestro primer y actual obispo, Mons. Francisco Ozoria en el 2000 nos llamo para que fuéramos a la Escuela de Diaconado Permanente. Asistí, pero pronto tuve que dejarla por razones laborales, no era mi tiempo. Cuando mis ex compañeros fueron ordenados sentí un nudo en la garganta, pues seria uno de ellos. Luego la Providencia de Dios a través del sr Obispo me llamo nuevamente en el 2004 y acudí definitivamente hasta concluir el periodo que aquí se pide que sea de 3 años. El apoyo de mi esposa ha sido vital, pero sobretodo el de la comunidad. Dicen que los diáconos de Catedral no la llevan fácil. En mi caso, me han delineado mis responsabilidades: generalmente realizo los bautismos, las exequias, la celebración de la palabra en las comunidades sectoriales, coordino la pastoral de la salud y la pastoral social, y cualquier otra tarea que me delegue mi párroco. Reconozco que el tiempo no es el mismo, ya que debo conjugar el "trípode": familia, trabajo e Iglesia, de modo equilibrado. Laboro como visitador a Médicos, que es una tarea bastante ardua. No todas las diócesis tienen procesos parecidos para la formación. Aquí en República Dominicana el periodo de formación en las doce diócesis es de tres anos, pero no todas tienen escuela. Nosotros tuvimos que viajar 150kms para recibir formación un fin de semana al mes. Te envió una foto de la Misa de ordenación nuestra. En la misma estamos el Diac.Bienvenido Sierra, ordenado con un servidor, Mons. Francisco Ozoria, obispo de nuestra diócesis de San Pedro de Macorís y un servidor Fabio Serrats con el Cáliz levantado. Me agrada que me haya contestado y sepa que tienes un hermano en la República Dominicana. Espero que pronto llegue el momento deseado y entres a formar parte del colegio de Diáconos Permanentes. A propósito, ya tienes fecha para tu ordenación?Bendiciones!”
lunes, 16 de marzo de 2009
VISITA A LA ESCUELA DE DIACONADO PERMANENTE DE LA DIÓCESIS DE LOS TEQUES
Con gran alegría recibí la invitación por parte de Luis para asistir a un encuentro que tendrían en Los Teques todos los candidatos al Diaconado Permanente con Monseñor Ovidio Pérez, quien es Obispo Emérito de la Diócesis de Los Teques y también es presidente del Concilio Plenario de Venezuela.
La escuela de Diáconos Permanentes de la Diócesis de Los Teques tiene su sede en la Curia Diocesana, en el centro de la ciudad de Los Teques.
Fui recibido con gran hermandad por parte del Diacono Permanente Ángel Rivas, quien actualmente está al frente de la escuela y por todos los Candidatos, son 21 hombres que desde hace dos años dedican todos los sábados al proceso de formación.
Antes de la llegada de Monseñor Ovidio, todos los Aspirantes se encontraban realizando prácticas de Homilética, recibiendo con gran afecto de todos los compañeros sus apreciaciones con la intención de que la Palabra de Dios llegue con entusiasmo y precisión al Pueblo de Dios.
Monseñor Ovidio centró su intervención en dos temas: La Conversión Eclesiológica: Paso de una concepción de la Iglesia polarizada en lo institucional a una Iglesia Comunión, Pueblo de Dios y El Diaconado en el Concilio Plenario de Venezuela: Explicando el reimpulso que se dará en todas las Diócesis de Venezuela en relación al Diaconado Permanente.
Fue una experiencia muy enriquecedora por lo que aprendí, pero sobre todo por lo que pude compartir.
Le pido a Dios que permita que a partir de este encuentro se inicie una relación entre hermanos de 2 Diócesis que persiguen el mismo fin, Servir a Dios en su Iglesia a través del Diaconado Permanente.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Ordenación de Diáconos Permanentes en Caracas
A continuación coloco la homilia que el Cardenal Jorge Urosa Savino pronunció.
CRISTO, BUEN PASTOR Y SERVIDOR DE LA HUMANIDAD
Homilía en la Ordenación Diaconal de Juan Antonio Bello, Virgilio Cartagena y Wilfrido Guevara.Catedral Metropolitana de Caracas, 8 de noviembre de 2008
Amadísimos hermanos:
Hoy, en Caracas, los católicos estamos de fiesta. Con gran alegría nos encontramos congregados en esta Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Caracas para celebrar la presencia viva de Jesucristo, el Buen Pastor, en su Iglesia, para la salvación del mundo. Así es la Eucaristía, cada Eucaristía, en la cual Jesús realiza su presencia redentora, a fin de que cada uno de nosotros pueda asociarse y compartir los dones de la salvación.
Ahora bien, mis queridos hermanos: esta celebración eucarística realiza con especial intensidad la presencia salvífica de Cristo, pues en ella tendremos el gusto de conferir el orden del diaconado a tres hermanos nuestros, que, tras largos años de servicio a la iglesia, y luego de una esmerada preparación, quieren asumir el oficio diaconal, para hacer presente a Cristo, Buen Pastor y servidor del mundo, en medio de nuestros hermanos, en nuestra Iglesia arquidiocesana de Caracas.
Reciben ellos el diaconado, que es un ministerio sagrado para cooperar con el obispo diocesano en el servicio a Dios y a la comunidad eclesial en la s Liturgia, específicamente en la celebración y distribución de la Eucaristía y en la administración del Bautismo y la celebración del Santo Sacramento del Matrimonio; en la evangelización y predicación, y en el servicio de la caridad a la comunidad.
Lo reciben no para una actividad temporal, en camino hacia el presbiterado, sino para ser diáconos permanentes. El Concilio Vaticano II propuso que en la Iglesia contemporánea se restaurara ese servicio eclesial, y el Papa Paulo VI, en 1967, así lo dispuso con su carta apostólica Sacrum Diaconatus Ordinem. Más tarde, en 1972, determinó algunas normas para la recepción y ejercicio del diaconado permanente.
En Venezuela y en Caracas, con el entusiasmo con que fue acogido el Concilio Vaticano II, se inició muy pronto el trabajo de restauración del diaconado permanente, y en diciembre de 1974 tuvo lugar, en esta misma Catedral Metropolitana, la ordenación de los primeros siete diáconos, algunos de los cuales están con nosotros en esta celebración. Luego hubo otros candidatos que recibieron ese sagrado ministerio, y ahora, nuestros hermanos Juan Antonio Bello, Virgilio Cartagena, y Wilfrido Guevara, conscientes de su vocación al ministerio del diaconado, se comprometen a vivirlo para gloria de Dios y bien de nuestra Iglesia de Caracas. Por estos motivos, ¡damos gracias a Dios!
EL DIACONADO Y LOS MINISTERIOS SAGRADOS
Jesús, el Buen pastor, que da la vida por sus ovejas, está presente en su Iglesia, de manera especial, a través del ministerio apostólico, que perdura en el oficio episcopal, y que es un ministerio de servicio sagrado. Los obispos, sucesores de los Apóstoles, llamamos a hombres de probada virtud para que cooperen con nosotros en la santificación y el servicio al pueblo de Dios. Y así, con obispos, presbíteros y diáconos se configura el conjunto de ministerios ordenados, armónica y orgánicamente estructurados entre sí a partir del episcopado, para la edificación de la Iglesia, para que la Iglesia viva, se renueve y crezca entre nosotros.
Este es el sentido y la finalidad de los ministerios ordenados, de todo ministerio sagrado, que es una vocación excelsa, y un privilegio, una gracia maravillosa para quien la recibe. Pero que es también un compromiso profundo, firme y permanente con Dios y con esa misma Iglesia, para realizar la presencia de Cristo Buen Pastor y servidor de la humanidad en la Caracas de hoy.
Se trata de vivir como Cristo, que no vino a ser servido sino a servir. Y se trata de servir en lo que es específicamente religioso y pastoral. Se trata de comunicar al mundo lo que más nadie puede dar: la vida, el mensaje, la luz, la gracia, la salvación, el consuelo y la fuerza de Jesús, para que el mundo viva. Se trata de ser buen pastor y servidor, como Jesús, que da la vida por las ovejas. En esta línea, el Concilio Plenario de Venezuela nos dice en el documento sobre los ministros ordenados: "El diácono permanente encuentra en Cristo Siervo el modelo del propio ministerio. En efecto, por la sagrada ordenación, es constituido en la iglesia como ícono vivo de Cristo siervo, a quien sigue e imita" ( CPV, Obispos, presbíteros y diáconos,102).
Por ello es preciso que cada uno de nosotros, los ministros ordenados, obispos, presbíteros y diáconos, nuestros seminaristas que aspiran recibir el presbiterado, y quienes aspiren al diaconado permanente, tengan bien clara la naturaleza del ministerio ordenado en la Iglesia, y se preparen esmeradamente para asumirlo con una vida santa, practicando las virtudes, adquiriendo las actitudes y los sentimientos de Cristo, como nos lo enseña San Pablo en la carta a los Filipenses.
CONCLUSIÓN
Mis queridos hermanos:
Oremos por todos los ministros sagrados, por las religiosas y los religiosos, y por todos los laicos comprometidos de nuestra arquidiócesis de Caracas, para que con fervor acojamos la invitación que nos hace el Episcopado venezolano y latinoamericano para emprender, a partir del próximo 14 de enero en toda Venezuela, la Gran Misión Continental Evangelizadora, a fin de impulsar ese proceso de renovación y de expansión de nuestra Iglesia que es tan necesario para que el mensaje y los dones de Jesucristo lleguen a todos nuestros hermanos, y se realice la renovación personal y comunitaria de todos los bautizados de Caracas.
Pidamos al Señor que nos conceda generosamente abundantes vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida religiosa, que tanto necesitamos para atender adecuadamente a nuestros hermanos.
Y en especial oremos intensamente por estos futuros diáconos a quienes, en unión de sus familias, felicito de todo corazón. Oremos por ellos, por sus familias, por sus parroquias, para que su vida y su labor como ministros, como discípulos, testigos y misioneros de Jesucristo, sea manifestación viva de la presencia de Jesús entre nosotros, en las calles de Caracas, en nuestros ambientes sociales diversos, en la vida de nuestra Iglesia. Coloquemos todas estas intenciones en las manos amorosas de Nuestra Señora de Coromoto. Ella, María Santísima, en la Visitación a su prima Santa Isabel nos da ejemplo de servicio de caridad y de anuncio claro y explícito de las maravillas que el Señor realizó en su corazón y en su vida. Imitemos ese ejemplo. Amén
miércoles, 17 de septiembre de 2008
EL DISERNIMIENTO DEL LLAMADO AL DIACONADO PERMANENTE
A continuación les comentaré algunos puntos importantes que encontré en el "DIRECTORIO NACIONAL PARA LA FORMACIÓN, MINISTERIO Y VIDA DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES EN ESTADOS UNIDOS" el cual fué elaborado por el Comité de obispos sobre el Diaconado de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.
EL DISERNIMIENTO DEL LLAMADO
Disernimiento personal:
169. Las primeras señales de la vocación al diaconado se perciben en el ámbito personal y por lo general comienzan con la búsqueda de información sobre el diaconado y su formación. Aquí un individuo inicialmente reflexiona sobre la naturaleza de los que percibe como un llamado. Debe darse primacia en ese momento a la dimensión espiritual, en cuyo centro se encuentra la orientación espiritual. Toda jornada espiritual es personal e individual, por tanto requiere una orientación personal. El párroco y otros miembros del personal de la parroquia son recursos particulares en este momento.
Disernimiento familiar:
170. Como la mayoría de los interesados en el diaconado son casados, debe recomendársele que presten particular atención a comentar su posible vocación con sus esposas y sus familias. La información y las charlas iniciales con el párroco y otros deben ayudarlos y animarlos. Para un hombre casado , el apoyo y consentimiento de su esposa son necesarios. Por lo tanto, ambos esposos deben asegurarse de comprender claramente el significado de ese apoyo y consentimiento, aún en esta temprana etapa de disernimiento. Muchas regiones y culturas enfatizan la participación de los familiares. Ésta también es una importante consideración para el disernimiento.
Disernimiento de la Comunidad
171. La solicitud y eventualmente la aplicación para entrar a la formación diaconal no es solamente una jornada personal y familiar. La Iglesia debe acompañarla. La parroquia es la primera experiencia de la Iglesia para la mayoría de los interesados. es reponsabilidad de esta comunidad y, particularmente, de su párroco, invitar de entre sus miembros a aquellos que pueden estar calificados para servir como ministros ordenados de la Iglesia. Similarmente, aquellas agencias de la Iglesia y de la comunidad que con frecuencia cumplen la misión de caridad y justicia en la Iglesia, tienen una oportunidad única de invitar a candidatos apropiados de su personal.
Disernimiento Eclesial
172. Las averiguaciones sobre el diaconado y el proceso de formación finalmente incluyen a la Iglesia diocesana. Las sesiones de información, la exploración de los criterios para una vocación diaconal, y el consejo particular presentado por la oficina del Diaconado pueden ayudar a un individuo en una decisión de continuar con una solicitud formal.
Cuidadoso escrutinio
173. Cuando el interesado es presentado por su párroco y somete su solicitud, comienza el proceso formal de admisión. El disernimiento inicial continúa con particular énfasis en la capacidad y el potencial del solicitante para el ministerio ordenado. Tanto el solicitante como la iglesia diocesana entran en un intenso proceso de selección.
Estoy seguro que muchos de los que ahora están leyendo este artículo se encuentran dentro de la etapa de disernimiento, buscando información, tratando de entender con el intelecto si el Diaconado Permanente es lo que el Señor quiere para mí.
Quiero humildemente complementar estas etapas de disernimiento con la etapa de la Oración. Hay que pedirle al Señor que nos ayude en este momento tan importante, que sea Él quien nos apoye junto a su Madre, nuestra Madre la Santísima Virgen María.
Saludos en Cristo
viernes, 22 de agosto de 2008
EL DIACONADO EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO
CIC 276
p.1 Los clérigos, en su propia conducta, están obligados a buscar la santidad por una razón peculiar, ya que, consagrados a Dios por un nuevo título en la recepción del orden, son administradores de los misterios del Señor en servicio de su pueblo.
p.2 Para poder alcanzar esta perfección:
1º. cumplan ante todo, fiel e incansablemente, las tareas del ministerio pastoral;
2º. alimenten su vida espiritual en la doble mesa de la sagrada Escritura y de la Eucaristía; por eso, se invita encarecidamente a los sacerdotes a que ofrezcan cada día el sacrificio eucarístico, y a los diáconos, a que participen diariamente en la misma oblación;
3º. los sacerdotes, y los diáconos que desean recibir el presbiterado, tienen obligación de celebrar todos los días la liturgia de las horas según sus libros litúrgicos propios y aprobados; y los diáconos permanentes han de rezar aquella parte que determine la Conferencia Episcopal;
4º. están igualmente obligados a asistir a los retiros espirituales, según las prescripciones del derecho particular;
5º. se les insta a que hagan todos los días oración mental, accedan frecuentemente al sacramento de la penitencia, tengan peculiar veneración a la Virgen Madre de Dios y practiquen otros medios de santificación tanto comunes como particulares.
CIC 290
Una vez recibida válidamente la ordenación sagrada, nunca se anula. Sin embargo, un clérigo pierde el estado clerical:
1º.por sentencia judicial o decreto administrativo, en los que se declare la invalidez de la sagrada ordenación;
2º. por la pena de dimisión legítimamente impuesta;
3º. por rescripto de la Sede Apostólica, que solamente se concede, por la Sede Apostólica, a los diáconos, cuando existen causas graves; a los presbíteros, por causas gravísimas.
CIC 294
Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.
CIC 517.2
Si, por escasez de sacerdotes, el Obispo diocesano considera que ha de encomendarse una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad, designará a un sacerdote que, dotado de las potestades propias del párroco, dirija la actividad pastoral.
CIC 519
El párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano, en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar, para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho.
CIC 764
Quedando a salvo lo que prescribe el can. 765, los presbíteros y los diáconos tienen la facultad de predicar en todas partes, que han de ejercer con el consentimiento al menos presunto del rector de la iglesia, a no ser que esta facultad les haya sido restringida o quitada por el Ordinario competente, o que por ley particular se requiera licencia expresa.
CIC 767 p.1
Entre las formas de predicación destaca la homilía, que es parte de la misma liturgia y está reservada al sacerdote o al diácono; a lo largo del año litúrgico, expónganse en ella, comentando el texto sagrado, los misterios de la fe y las normas de vida cristiana.
CIC 835 p.3
En la celebración del culto divino los diáconos actúan según las disposiciones del derecho.
CIC 861 p.1
Quedando en vigor lo que prescribe el can. 530, n. 1, es ministro ordinario del bautismo el Obispo, el presbítero y el diácono
CIC 907
En la celebración eucarística no se permite a los diáconos ni a los laicos decir las oraciones, sobre todo la plegaria eucarística, ni realizar aquellas acciones que son propias del sacerdote celebrante.
CIC 910 p.1
Son ministros ordinarios de la sagrada comunión el Obispo, el presbítero y el diácono.
CIC 929
Al celebrar y administrar la Eucaristía, los sacerdotes y los diáconos deben vestir los ornamentos sagrados prescritos por las rúbricas.
CIC 930
p.1 El sacerdote enfermo o anciano, si no es capaz de estar de pie, puede celebrar sentado el Sacrificio eucarístico, observando siempre las leyes litúrgicas, pero no con asistencia de pueblo, a no ser con licencia del Ordinario del lugar.
p.2 El sacerdote ciego o que sufre otra enfermedad puede celebrar el Sacrificio eucarístico con cualquier texto de la Misa de entre los aprobados, y con asistencia, si el caso lo requiere, de otro sacerdote o diácono, o también de un laico convenientemente instruido, que le preste ayuda.
CIC 943 Es ministro de la exposición del santísimo Sacramento y de la bendición eucarística el sacerdote o el diácono; en circunstancias peculiares, sólo para la exposición y reserva, pero sin bendición, lo son el acólito, el ministro extraordinario de la sagrada comunión u otro encargado por el Ordinario del lugar, observando las prescripciones dictadas por el Obispo diocesano.
CIC 1008
Mediante el sacramento del orden, por institución divina, algunos de entre los fieles quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble, y así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo Cabeza las funciones de enseñar, santificar y regir.
CIC 1009
p.1 Los órdenes son el episcopado, el presbiterado y el diaconado.
p.2 Se confieren por la imposición de las manos y la oración consecratoria que los libros litúrgicos prescriben para cada grado
CIC 1016 Por lo que se refiere a la ordenación de diáconos de quienes deseen adscribirse al clero secular, es Obispo propio el de la diócesis en la que tiene domicilio el ordenado, o el de la diócesis a la cual ha decidido dedicarse; para la ordenación presbiteral de clérigos seculares, es el Obispo de la diócesis a la que el ordenando está incardinado por el diaconado
CIC 1025
p.1 Para la lícita ordenación de presbítero o de diácono se requiere que, tras realizar las pruebas que prescribe el derecho, el candidato reúna, a juicio del Obispo propio o del Superior mayor competente, las debidas cualidades, que no le afecte ninguna irregularidad o impedimento, y que haya cumplido los requisitos previos, a tenor de los cann. 1033–1039; es necesario, además, que se tengan los documentos indicados en el can. 1050, p.1, y que se haya efectuado el escrutinio prescrito en el can. 1051, p.2.
p.2 Se requiere también que, a juicio del mismo legítimo Superior, sea considerado útil para el ministerio de la Iglesia.
p.3 Al Obispo que ordena a un súbdito propio destinado al servicio de otra diócesis debe constarle que el ordenando quedará adscrito a esa diócesis.
CIC 1032
p.1 Los aspirantes al presbiterado sólo pueden ser promovidos al diaconado después de haber terminado el quinto año del ciclo de estudios filosóficos–teológicos.
p.2 Después de terminar los estudios, el diácono debe tomar parte en la cura pastoral, ejerciendo el orden diaconal, antes de recibir el presbiterado, durante un tiempo adecuado que habrá de determinar el Obispo o el Superior mayor competente.
p.3 El aspirante al diaconado permanente no debe recibir este orden sin haber cumplido el tiempo de su formación.
CIC 1034
p.1 Ningún aspirante al diaconado o al presbiterado debe recibir la ordenación de diácono o de presbítero sin haber sido admitido antes como candidato por la autoridad indicada en los cann. 1016 y 1019, con el rito litúrgico establecido, previa solicitud escrita y firmada de su puño y letra, que ha de ser aceptada también por escrito por la misma autoridad.
p.2 Este rito de admisión no es obligatorio para quien está incorporado por los votos a un instituto clerical.
CIC 1035
p.1 Antes de que alguien sea promovido al diaconado, tanto permanente como transitorio, es necesario que el candidato haya recibido y haya ejercido durante el tiempo conveniente los ministerios de lector y de acólito.
p.2 Entre el acolitado y el diaconado debe haber un espacio por lo menos de seis meses.
CIC 1036
Para poder recibir la ordenación de diácono o de presbítero, el candidato debe entregar al Obispo propio o al Superior mayor competente una declaración redactada y firmada de su puño y letra, en la que haga constar que va a recibir el orden espontánea y libremente, y que se dedicará de modo perpetuo al ministerio eclesiástico, al mismo tiempo que solicita ser admitido al orden que aspira recibir.
CIC 1037
El candidato al diaconado permanente que no esté casado y el candidato al presbiterado no deben ser admitidos al diaconado antes de que hayan asumido públicamente, ante Dios y ante la Iglesia, la obligación del celibato según la ceremonia prescrita, o haya emitido votos perpetuos en un instituto religioso.
CIC 1038
No puede prohibirse el ejercicio del orden recibido a un diácono que rehúse recibir el presbiterado, a no ser que esté afectado por un impedimento canónico o por otra causa grave que debe juzgar el Obispo diocesano o el Superior mayor competente.
CIC 1050 Para que alguien pueda acceder a las sagradas órdenes se requieren los siguientes documentos:
1º. el certificado de los estudios realizados a tenor del can. 1032;
2º. tratándose de la ordenación de presbíteros, el certificado de que han recibido el diaconado;
3º. tratándose de la ordenación de diáconos, el certificado de bautismo y de confirmación, así como de que han recibido los ministerios a los que se refiere el can. 1035; y asimismo el certificado de que han hecho la declaración prescrita en el can. 1036, y, si se trata de un casado que va a ser promovido al diaconado permanente, los certificados de matrimonio y de consentimiento de su mujer.
CIC 1108
p.1 Solamente son válidos aquellos matrimonios que se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco, o un sacerdote o diácono delegado por uno de ellos para que asistan, y ante dos testigos, de acuerdo con las reglas establecidas en los cánones que siguen, y quedando a salvo las excepciones de que se trata en los cann. 144, 1112 p.1, 1116 y 1127 PP 1 y 2.
p.2 Se entiende que asiste al matrimonio sólo aquel que, estando presente, pide la manifestación del consentimiento de los contrayentes y la recibe en nombre de la Iglesia.
CIC 1111
p.1 El Ordinario del lugar y el párroco, mientras desempeñan válidamente su oficio, pueden delegar a sacerdotes y a diáconos la facultad, incluso general, de asistir a los matrimonios dentro de los límites de su territorio.
p.2 Para que sea válida la delegación de la facultad de asistir a los matrimonios, debe otorgarse expresamente a personas determinadas; si se trata de una delegación especial, han de darse para un matrimonio determinado; y si se trata de una delegación general, debe concederse por escrito.
CIC 1112
p.1 Donde no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios.
p.2 Se debe elegir un laico idóneo, capaz de instruir a los contrayentes y apto para celebrar debidamente la liturgia matrimonial.
CIC 1116
p.1 Si no hay alguien que sea competente conforme al derecho para asistir al matrimonio, o no se puede acudir a él sin grave dificultad, quienes pretenden contraer verdadero matrimonio pueden hacerlo válida y lícitamente estando presentes sólo los testigos:
1º. en peligro de muerte;
2º. fuera de peligro de muerte, con tal de que se prevea prudentemente que esa situación va a prolongarse durante un mes.
p.2 En ambos casos, si hay otro sacerdote o diácono que pueda estar presente, ha de ser llamado y debe presenciar el matrimonio juntamente con los testigos, sin perjuicio de la validez del matrimonio sólo ante testigos.
CIC 1169
p.1 Pueden realizar válidamente consagraciones y dedicaciones quienes gozan del carácter episcopal, y también aquellos presbíteros a los que se les permite por el derecho o por concesión legítima.
p.2 Cualquier presbítero puede impartir bendiciones, exceptuadas aquellas que se reservan al Romano Pontífice o a los Obispos.p.3 El diácono sólo puede impartir aquellas bendiciones que se le permiten expresamente en el derecho.
jueves, 17 de julio de 2008
Las Esposas de los Diaconos Permanentes
Las Esposas de los Díaconos
Características y sugerencias de acompañamiento
Características que debe poseer la esposa del diácono permanente
1. Imitadora de la Virgen María en el silencio, en la capacidad de saber escuchar, en la atención a las necesidades del prójimo, en la fortaleza, la prudencia y la sencillez, en la oración, en la virtud de la esperanza y en la fidelidad;
2. Paciente, comprensiva, tolerante, discreta, alegre, virtuosa, abierta al diálogo, modesta en el vestir;
3. Formada con una sólida base cristiana, dispuesta a seguir creciendo en la fe y en el conocimiento;
4. Capaz de dar testimonio de su vida cristiana y de ser coherente entre su pensamiento y su obrar;
5. Abierta y bien integrada a la comunidad;
6. Consciente de que la vocación y el ministerio diaconal de su esposo enriquece su vocación matrimonial;
7. Capaz de suplir la ausencia del esposo en el hogar y de ayudarlo a encontrar un equilibrio en la distribución de su tiempo entre la familia y el ministerio;
Sugerencias de acompañamiento del esposo en el ministerio
1. Compartir con él la oración, especialmente la Liturgia de las Horas, y alimentar una espiritualidad específicamente diaconal;
2. Trabajar, en la medida de sus posibilidades y conocimientos, en pastorales tales como la matrimonial, la familiar, la catequística, la educativa, la carcelaria, de la salud...
3. Ayudar a su esposo a preparar conferencias, retiros, jornadas.
Otras sugerencias
1. Estar dispuestas a recibir una adecuada formación espiritual y doctrinal durante el tiempo de preparación al diaconado de su esposo.
2. Continuar esa formación de modo permanente después que su esposo sea ordenado.
3. Tomar conciencia que su rol será el de ser esposa de diácono y no el de "diaconisa".
4. Contar con un director espiritual.
5. Participar de la actividad pastoral del esposo.
6. Invitar a los hijos del diácono a participar de actividades parroquiales, diocesanas y nacionales.
7. Organizar convivencias a las que sean invitados todos los miembros de la familia del diácono.
8. Alentar a la comunidad cristiana para que facilite la integración a la misma de los miembros de la familia del diácono.
9. Favorecer la participación de los diáconos y sus esposas en retiros espirituales.
sábado, 21 de junio de 2008
EL CONCILIO PLENARIO VENEZOLANO Y EL DIACONADO PERMANENTE

Desde el año 2000 hasta el año 2005 se realizaron seis sesiones de trabajo las cuales dieron como fruto de este esfuerzo los 16 Documentos Conciliares que se ofrecen a los miembros de la Iglesia y a todos los venezolanos, los cuales fueron solemnemente promulgados el 7 de octubre de 2006 junto a la clausura Concilio.
Se asumió como metodología para la elaboración de los esquemas el ver, juzgar y actuar. En el ver se hace un análisis pastoral de la realidad, subrayando los núcleos problemáticos; en el juzgar se ofrece una iluminación teológico-pastoral a partir de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia, tanto Universal como particular; y en el actuar, se identifican desafíos y se establecen orientaciones pastorales y normas conciliares.
En este breve resumen se tratará el tema del Diaconado Permanente el cual se denomina “Obispos, presbíteros y diáconos al servicio de una Iglesia en comunión”
VER: ANÁLISIS PASTORAL DE LA REALIDAD
Se realiza una breve reseña de la historia que comienza desde los inicios de la Evangelización en el año 1498 hasta la situación con la cual la Iglesia en Venezuela comienza el siglo XXI
14. A inicios del siglo XXI La Iglesia católica en Venezuela consta de treinta y siete iglesias particulares: nueve arquidiócesis, veintidós diócesis, un exarcado greco-melkita, cuatro vicariatos apostólicos y un ordinariato militar. Además de los pastores de estas Iglesias, hay mil doscientos diecinueve sacerdotes diocesanos, setecientos ochenta y dos sacerdotes religiosos y ciento cinco diáconos permanentes.
43. El diácono permanente, restaurado a partir del Concilio Vaticano II, ha rendido sus frutos en la Iglesia que peregrina en Venezuela; sin embargo, es poco conocido y no se ha promocionado suficientemente en el seno de algunas Iglesias particulares, donde los diáconos permanentes en la actualidad prestan los más variados y valiosos servicios.
45. Las experiencias y los resultados han sido desiguales. Algunas han sido positivas; otras, menos, en parte por las fallas de selección, discernimiento y formación de estos ministros, en parte porque algunos no provienen de una comunidad determinada, o bien por la insuficiente valoración de este ministerio.
46. La indefinición de campos pastorales, que algunas Iglesias particulares de Venezuela confían a los diáconos permanentes, ha sido la causa de que no se haya logrado una buena preparación y promoción. El diaconado, en ocasiones, es visto más como una promoción que como una vocación de servicios a la Iglesia. Muchas veces se le han asignado funciones más como administradores de sacramentos y menos como animador de la comunidad y servidor de la caridad.
47. El candidato al diaconado permanente inicia su formación con una experiencia adquirida en su vida familiar, laboral y del quehacer diario; lo que le permite comprender estas situaciones y, así, realizar mejor su apostolado. No siempre se aprovecha esta experiencia como valor y apoyo a la pastoral.
48. En algunos casos se observa, lamentablemente, una separación entre el apostolado que el diácono realiza y su vida ordinaria, evidenciándose una ruptura entre lo que vive y lo que predica.
49. La experiencia positiva están siendo alentadora y están despertando en algunos sectores del Pueblo de Dios una mayor atención hacia la vocación diaconal, su promoción y acompañamiento. Vale la pena mencionar la experiencia reciente de diáconos indígenas que anuncian el Evangelio a sus propias culturas y en sus mismas lenguas. Este Concilio alienta este despertar, impulsando la formación de diáconos permanentes, porque abre vías insospechadas de evangelización inculturada.
50. Si bien algunas diócesis han realizado importantes esfuerzos por proporcionar una formación teológico-pastoral a los diáconos permanentes, en general ésta no es continua ni suficiente para la labor que se les confía en la comunidad.
JUZGAR: ILUMINACIÓN TEOLÓGICA-PASTORAL
101. El modelo diaconal por excelencia es Cristo siervo, que vivió totalmente dedicado al servicio de Dios, por le bien delos hombres. El se reconoció profetizado en el Siervo de Yahvé ( Lc 4,18-19) definió expresamente su acción como diaconía (Lc 22.27) y mandó a sus discípulos hacer otro tanto (Mc 10.43; Jn 13.15). La dimensión del servicio y la espiritualidad consiguiente es una realidad que comprometa a toda la Iglesia, en cuanto que toda la Iglesia, a semejanza de María, es la sierva del Señor (Lc 1.28), al servicio de la salvación del mundo.
102. El diácono permanente encuentra en Cristo Siervo el modelo del propio ministerio. En efecto, por la sagrada ordenación, es constituido en la Iglesia icono vivo de Cristo siervo a quien sigue e imita. El motor de su vida espiritual es la oración y el servicio; su santidad consistirá en hacerse servidor generoso y fiel de Dios y de los hombres, especialmente de los más pobres y de los que sufren; su compromiso ascético se orientará a adquirir aquellas virtudes que requiere el ejercicio de su ministerio.
103. El ministerio del diacono se concentra en tres servicios: ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Así participa, como todos los ministros ordenados, del triple ministerio de Cristo. El diácono es maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, participa en la celebración de la Santa Misa, conserva y distribuye la Eucaristía, y oficia en los sacramentos; es guía, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial.
104. El diácono permanente ejercita la diaconía de la caridad, en comunión con el obispo y con los presbíteros. Configurado con Cristo Siervo, el cual representa, está sobre todo dedicado a los oficios de caridad y de administración. Con el ejemplo y la palabra, se esmera en que todos los fieles, siguiendo el modelo de Cristo, se pongan en constante servicio a los hermanos. Las obras de caridad, diocesanas o parroquiales, que están entre los primeros deberes del obispo y de los presbíteros, son por éstos, según el testimonio de la Tradición de la Iglesia, transmitidas a los diáconos; así como el servicio de caridad en el área de educación cristiana; la animación de oratorios, de los grupos eclesiales juveniles y de las profesiones laicales; la promoción de la vida de cada una de sus fases y la transformación del mundo según el orden cristiano en las diferentes situaciones de la vida. Ellos, por tanto, buscan servir a todos sin discriminaciones, prestando particular atención a los que más sufren y a los pecadores.
105. Como ministros de Cristo y de la Iglesia, superan cualquier ideología e interés particular, para no privar a la misión de la Iglesia de su fuerza, que es la caridad de Cristo. La diaconía, de hecho, debe hacer experimentar al hombre el amor de Dios e inducirlo a la conversión, a abrir su corazón a la gracia.
106. El diácono permanente, por su condición de ministro ordenado, inserto en su comunidad y conocedor de su cultura, tiene un amplio campo de servicios, especialmente en las zonas rurales alejadas, en las comunidades indígenas y en las grandes áreas urbanas densamente pobladas, donde se hace difícil la presencia continua de otros ministros ordenados.
107. El diácono, por su trabajo en el mundo, se encuentra desarrollando una diaconía ligada a espacios no necesariamente vinculados a la vida eclesial(Hch 6 2-6). Este ambiente de trabajo forma parte de su labor apostólica( Ts 3,8b-9) y no debe ser obviado al momento de evaluar su vida de servicio.
108. Con la doble sacramentalidad, la del matrimonio y la del orden, los diáconos participan con sus esposas e hijos en la diaconía. La experiencia de trabajo y su papel de padres y esposos, los constituyen en apóstoles de su propia familia y en colaboradores muy cualificados para abordar diversas realidades urgentes en las Iglesias particulares. Es necesaria una formación sistemática que relacione el servicio con la experiencia de su familia. Si ésta falla, el servicio se verá afectado.
109. El diácono nutre su espiritualidad de la oración y de su servicio. Asume la vida familiar, el trabajo y el compromiso social como medios de santificación.
ACTUAR: DESAFÍOS, ORIENTACIONES PASTORALES Y NORMAS CONCILIARES
Desafíos:
Desafío 1: Promover entre los ministros ordenados una profunda experiencia de Dios que alimente el seguimiento e imitación de Cristo Buen Pastor
Desafío 2: Fomentar una mayor vivencia de la comunidad.
Desafío 3: Impulsar la Nueva Evangelización viviendo el ministerio ordenado desde la perspectiva de la caridad pastoral.
Desafío 4: Avivar el carisma recibido por los ministros ordenados a través de una sólida formación permanente.
Desafío 5: Promover el diaconado permanente,
Orientaciones Pastorales:
138. La Iglesia en Venezuela definirá, con mayor claridad y unidad de criterios, los campos que quiere confiar a los diáconos permanentes.
139. Los obispos ordenarán diáconos permanentes después de un previo discernimiento vocacional, comprobadas tanto la idoneidad y formación para este ministerio como la vinculación con la comunidad, y en razón de las necesidades de las diócesis.
140. Las diócesis crearán los espacios necesarios para que os diáconos colaboren en la animación de servicios pastorales, detectando y promoviendo líderes, y estimulando la corresponsabilidad de todos para una cultura de reconciliación y solidaridad.
141. La Conferencia Episcopal Venezolana creará o mejorará instancias para la adecuada formación de diáconos permanentes, según normas precisas dictadas al respecto.
142. Las Iglesias particulares promoverán un mayor conocimiento de lo que significa el diaconado permanente.
143. Las Iglesias particulares impulsarán la dimensión misionera de los diáconos permanentes, tomando en cuenta tanto las propias necesidades como las de otras Iglesias.
144. Los obispos y sacerdotes acompañarán a los diáconos permanentes en su proceso formativo y de santificación y en el ejercicio de su ministerio, integrándolos activamente en la vida pastoral y fraterna.
145. Los diáconos permanentes, desde su formación inicial y continua, mantendrán el equilibrio con respecto al tiempo que le dedican a su familia, a su trabajo y a su ministerio.
146. Los diáconos casados darán testimonio de la Iglesia doméstica siendo ejemplos vivos de la unidad y amor familiar en sus hogares, comunidades, trabajos y ministerios.
147. Cada Iglesia particular con poblaciones indígenas adaptará a sus culturas el plan de formación para el diaconado aprobado por la CEV.
Normas Conciliares
149. cada diócesis, en su plan pastoral, elaborará un proyecto de formación integral permanente de sus ministros ordenados que, entre otras actividades, incluya ejercicios espirituales, días de retiro o de espiritualidad, encuentros de estudio o de reflexión teológica en común, cursos de actualización pastoral.



